Alabaos

︎por Miguel García

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︎ Guapi, Colombia.

La muerte llega inesperada, toca a la puerta. Toc, toc, toc… ¿Estás lista?
Así, sin avisar y en la forma de una enfermedad tropical, le llegó a Amparo Solís Cardona, una mujer plena, luchadora, humilde, que se buscaba la vida día a día para el sustento de su familia.

Cuando llegué a Guapi, me enteré de que Amparo, uno de los personajes que iba a entrevistar para mi reportaje de televisión había muerto la víspera, supe que su familia y la comunidad entera la velarían esa noche en su casa, pregunté si los podía acompañar, agradecieron el gesto con su anuencia. El ambiente era denso y triste, pero no había lágrimas.

Los familiares de Amparo me permitieron tomar unas fotografías, pero sabía que no era del todo bien recibido. El cofre estaba cerrado. Me senté en un rincón a hacer mi propio lamento, no quería transgredir ese momento, guardé silencio, susurré una plegaria, escuchaba el canto de las mujeres.

Cuando me disponía a salir de allí, la mujer que estaba sentada a mi lado se inclina hacia mi y me dice –“¿y usted ya vio a la difunta?”, -por supuesto que no, respondí apresurado. –“Entonces, ¿a qué vino?”- me increpó, me tomó de la mano, me llevó hasta el ataúd, lo abrió y dijo: -“ella es Amparo y estamos aquí por ella, mírela, tómele una foto si quiere.” Yo estaba atónito, hice lo que me dijo, sin preguntar. Ahí lo comprendí. Me brindaron un trago de aguardiente, lo bebí a fondo, fue lo que me volvió a la realidad.

A partir de ese momento, por fin, era uno más de la comunidad, me quedé a acompañar la velación por un par de horas más, bebí aguardiente, hice una ofrenda a la familia como todos los demás y me fui.

El municipio de Guapi, al sur del departamento del Cauca, es un pueblo de pescadores y mineros, habitado en su mayoría por afrodescendientes. Allí, como en muchos pueblos negros a lo largo de la Costa Pacífica colombiana, subsiste la tradición de cantarles a los muertos para que hallen el camino al más allá y se reencuentren con sus ancestros.

Los ‘Alabaos’ son un lamento por la muerte de un ser querido, son un responsorio pidiendo a los santos que acojan al difunto en el cielo y, al mismo tiempo, son la celebración del fin del sufrimiento terrenal y el regreso espiritual a la madre África.

Estos cantos funerarios representan lejanos fragmentos de las religiones africanas que llegaron a América. Aquí los esclavos mantuvieron en su memoria la esencia profunda de sus prácticas religiosas y junto a la imposición de la doctrina católica surgieron nuevos significados.

En los ‘Alabaos’ se puede advertir el fundamento de las costumbres africanas, el sincretismo con la religión católica y el legado español. En este ritual ancestral participa la comunidad entera facilitando correcta transición del difunto de esta vida a la otra. Las comunidades negras del Pacífico colombiano asimilan la muerte como un tránsito, una regeneración; nadie muere definitivamente.





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